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Pádel argentino… no lo entenderías

  • 12 mar
  • 6 Min. de lectura

Tras el boom de los ’90 el pádel vive una nueva época dorada. A pesar de los pocos recursos económicos y la escasa organización institucional, jugadores argentinos han llegado a la elite mundial. Argentina y España, hermanados por éste deporte.



Hace unos meses en la ciudad Reus, a pocos kilómetros de donde resido, 1200 jugadores de pádel de menos de 18 años disputaron el Mundial juvenil en donde España ratificó su poderío tras ganar los ocho títulos en juego. Pese a no lograr ningún título, Argentina fue el gran rival del anfitrión.


Una vez más, los argentinos sobresalieron pese a no contar con recursos económicos, infraestructura y apoyo. Orgullo y competitividad –condiciones innatas de la argentinidad- sumado al talento individual son imprescindibles para llegar a la cima, pero no son suficientes para ser los mejores.


Hagamos un poco de historia. El paddle (así se lo llamó en sus inicios, que en inglés significa “paleta”) fue inventado en 1969 por Enrique Corcuera, un millonario mexicano, en Acapulco. Supongo que buscaba una actividad más fácil de practicar que el tenis pero que mantuviera ese estatus de deporte blanco, algo snob. Y hasta me imagino que también lo pensó como un arma de seducción: quería un deporte que pudiera compartir con las mujeres que visitaban su villa. Pero no hagan caso a mi imaginación porque la historia oficial cuenta que a un frontón donde practicaba tenis le construyó paredes en los laterales para evitar que la pelota se fuera a la casa del vecino y para contener la frondosa vegetación. Y poco a poco fueron inventando reglas para hacerlo más divertido.


Primera cancha de pádel en Acapulco.
Primera cancha de pádel en Acapulco.

El resto del camino lo hizo su amigo español, el príncipe Alfonso Hohenloe, que viajó despechado a Sudamérica persiguiendo a su ex mujer y terminó residiendo en Acapulco, seducido por ese destino turístico internacional, el más glamoroso del Pacífico, famoso por su vida nocturna, sus clavadistas en La Quebrada y la visita constante de celebridades de Hollywood. Encandilado, fantaseó con replicar ese estilo de vida en Marbella, un pueblo pesquero de 900 habitantes ubicado en la Costa del Sol, en donde ya tenía pequeñas inversiones inmobiliarias. Entonces, Hohenloe fue el responsable de convertirla en el refugio de ricos y famosos de todo el mundo. Su Marbella Club fue un paraíso donde asistió todo el jet-set. Aristócratas, grandes fortunas, artistas y estrellas de Hollywood pasaban sus vacaciones sin ataduras ni complejos. Y allí, el ahijado del rey de España Alfonso XIII construyó algunas pistas de pádel tal como las había visto en la casa de su amigo mexicano. Era 1974 y la publicidad hizo el resto. En pocos años el nuevo deporte se expandió a gran parte del mundo.


En la década del ’80 ya se jugaba al pádel en Argentina, aunque en círculos elitistas, en grupos cerrados y exclusivos, conformados por una minoría que ostentaba un alto estatus social, riqueza, poder político o influencia económica. Para que se den una idea, uno de los impulsores de la creación de la Asociación Argentina de Pádel en 1987 fue Mauricio Macri, deporte que siguió practicando incluso cuando fue presidente, entre 2015 y 2019. Pero fue recién a principios de los ’90 cuando el pádel se convirtió en un deporte popular. Y en algunos países su crecimiento fue exponencial.


Argentina había superado una de sus infinitas crisis y de una hiperinflación había pasado a la Ley de Convertibilidad, donde 1 peso valía 1 dólar. El sol volvía a salir en un país acostumbrado a las tormentas y fueron años de relativa estabilidad. Pero el costo de la política económica de Menem-Cavallo iba a ser alto. Para sintetizar y no aburrir, la apertura comercial de las fronteras generó una pérdida de empleo genuino y miles de trabajadores invirtieron sus dólares de indemnización en proyectos de alto riesgo. Nuevos kioscos, parripollos, videoclubs, tiendas “todo por 2 pesos” y canchas de pádel aparecían todos los días. El pádel no era pensado como deporte, sino como un negocio. Las canchas no tenían medida reglamentaria, había pocos profesores profesionales y mucho desconocimiento. Aun así, más de 3 millones de argentinos jugaban regularmente en algunas de las 30 mil canchas que había en el país seducidos porque el pádel tiene reglas sencillas; es divertido aunque no se tenga destreza; al ser una cancha pequeña no requiere de un buen estado físico; puede jugarse de forma mixta entre mujeres y hombres; pueden jugar chicos de 5 años hasta adultos de 90; y porque sólo se necesitan 4 participantes, a diferencia de otros deportes que requieren de muchos más jugadores.


Pero el furor duró unos pocos años. A fines de los ’90, cuando el país sufría una nueva crisis económica, la mayoría de las canchas estaban cerradas por falta de jugadores.


Mientras en Argentina sobrevivían algunos pocos, en España el pádel continuaba con su lento pero ininterrumpido crecimiento. Se profesionalizó, se crearon torneos, se consiguieron sponsors y se mejoraron las canchas, que pasaron a llamarse “pistas”. Se cambiaron los pisos de cemento por uno de césped sintético y las paredes de ladrillo por el vidrio blindado. Eso aportó más cuidado a las articulaciones de las piernas y facilitó la aparición de los espectadores.


Y como muchas veces en Argentina, ocurrió un milagro. En 1979, en Pehuajó, una ciudad del interior de la provincia de Buenos Aires, nació Fernando Belasteguín. El deporte que practicaba era el fútbol, pero en sus ratos libres también le gustaba jugar al pádel. Y como ocurre en estos casos, alguien lo vio, otro lo llevó a un torneo que ganó con autoridad y una cosa fue llevando a la otra. En 1995, con sólo 15 años, debutó como profesional. A los 20 emigró a España. A los 22 años ya era el número 1 del ranking mundial, posición que sostuvo durante 16 años. Ganó 6 mundiales y es el jugador con más títulos del World Pádel Tour (WPT) de la historia. Se retiró en 2024. Es el Messi del pádel.


Fernando Belasteguín.
Fernando Belasteguín.

En Argentina quienes vivían ajenos al mundo del pádel (la gran mayoría) desconocían de su existencia, hasta que hace unos siete u ocho años comenzaron a llegar noticias de que en Europa el pádel estaba vivo y que no sólo el mejor jugador del mundo era argentino, sino que de los 20 mejor ranqueados, la mitad eran argentinos. ¿Cómo era posible que muchos de los mejores jugadores del mundo salieran de un país en donde el pádel era una actividad marginal, sin infraestructura, sin difusión mediática, con escasa organización institucional?


Después de la pandemia, Argentina comenzó a vivir un nuevo resurgir del pádel. Pero ahora la cosa es más profesional. Las nuevas canchas son de césped sintético y paredes de vidrio blindado, abundan los profesores que dan clases y ya suelen verse escuelitas que enseñan a los más chicos. No perdió su carácter lúdico y social pero ahora también interesa jugar cada día mejor. En redes sociales y en YouTube puede verse a la “armada argentina” en cada torneo del WPT. Y el país ya es sede confirmada del calendario mundial de torneos.


En España ya es el segundo deporte más practicado, con 6 millones de jugadores, 1500 clubes federados y 17.000 pistas. En Argentina hoy hay poco más de 2 millones de jugadores y unas 5 mil canchas. Pero la diferencia más significativa que encontramos es que en el país europeo 110 mil jugadores están federados y lo practican de modo competitivo, mientras que en Argentina no existe una cifra oficial única, pero se estima que no son más de 5 mil jugadores.


El pádel en Argentina está organizado por la Asociación Pádel Argentino (APA). No sólo organiza Argentina Pádel Tour, un circuito de torneos que permite a los jugadores sumar puntos para el ranking nacional y fomenta el paso al profesionalismo, sino también intenta regularizar los cientos de torneos amateurs que se organizan en todo el país.


Y como ocurre habitualmente, cuando algo es negocio hay un argentino.



Varlion es una marca argentina que se estableció en España, creada por el argentino Félix Regalia en 1993; Bullpadel nació de las ambiciones de profesionales argentinos y españoles en 1995; Royal se fundó en los ’90 en la Argentina y después se trasladó a Europa; y Sane, que es la marca que revolucionó el deporte al inventar la primera paleta con núcleo de goma, fundada en 1989 en Argentina por Ricardo Ráccaro y que abrió su fábrica en España en 2016. Menos populares pero también con acento argentino están Dabber, Side Spin y Steel Custom.


La Federación de Pádel Internacional fue creada en 1991 por españoles y argentinos y un año después se llevaría a cabo el primer Campeonato Mundial. El pádel continuó su profesionalización hasta que en 2005 comenzó a disputarse el Pádel Pro Tour y en el 2013 se transformó en el Premier Pádel / World Pádel Tour. Hoy existen 45 Federaciones nacionales, dato que revela el crecimiento exponencial de este deporte en el mundo. El objetivo de sus dirigentes es llegar a 75 para poder ser parte de los Juegos Olímpicos.

 
 
 

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¿Quién escribe?

Entre otras muchas cosas, soy periodista. Me gusta salir de mi zona de confort, aunque me arrepienta rápidamente. Y en estas circunstancias, suelo encontrarme en situaciones interesantes de contar.

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